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En plena Sierra de Albarracín, junto al río Majaceite y rodeado de valles se nos aparece la que fuese casa de retiro señorial de los Duques de Arcos de la Frontera, con sus calles blancas salpicadas de fuentes y flores. Su legado artístico está conformado por la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, el Palacio Ducal, la Ermita del Calvario y una singular Plaza de Toros. El Bosque está enclavado entre frondosos bosques y salpicado de manantiales de aguas medicinales, configurándose como un entorno atractivo para las actividades de turismo activo. La zona reúne además unas condiciones perfectas para la práctica del parapente y el ala-delta. El Jardín Botánico “El Castillejo”, donde se hallan representados los principales ecosistemas de la Sierra de Grazalema y las ruinas del Castillo de Tavizna, a tan sólo 5 Km. de la villa, son también dos buenas propuestas para ocupar su tiempo libre.

Situada entre los parques naturales de la Sierra de Grazalema y Los Alcornocales, ha sido poblada desde el Neolítico, como lo demuestra el yacimiento arqueológico de la Cueva de la Dehesilla. Su herencia artística se halla representada por la Iglesia Parroquial de Santa María de Guadalupe y el Ayuntamiento, ambos neoclásicos y la Plaza de Toros. Debido a su privilegiado enclave, son muchas las posibilidades de ocio con las que se pueden encontrar los visitantes, desde la caza menor y mayor (que tiene su máximo reflejo en la gastronomía de la villa) y el senderismo en el Tajo del Águila hasta la pesca en el río Majaceite o el piragüismo, la vela o el disfrute de una playa en el Embalse de Guadalcacín II.

Declarada Conjunto Histórico, la mejor manera de conocerla es pasear por las estrechas y laberínticas calles del Barrio Nazarí, que conservan su antiguo empedrado, flanqueadas por casas encaladas con coloridos parterres. Este sabor árabe que impregna toda la localidad, contrasta con la nobleza y de las casas señoriales dieciochescas. Aunque de fundación árabe, son numerosos los restos prehistóricos como los de la Sima de la Veredilla y las Cuevas de la Manga. Visitando, además, el Museo Histórico de la Sierra de Cádiz, el visitante podrá sumergirse plenamente en el devenir histórico de esta villa serrana. Otros monumentos relevantes son el Castillo de Aznalmara (ss. XIII-XIV), la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, las ermitas del Calvario y San Blas, el Abrevadero, la Fuente Pública y el Ayuntamiento.

A los pies de un impresionante macizo rocoso se enclava Villaluenga, el pueblo más alto de toda la provincia. Aunque su origen se debe a la cultura musulmana, el cercano yacimiento de las Cuevas de la Manga, fecha la presencia humana en estas tierras desde el Paleolítico Inferior. Aún se pueden contemplar los restos de la calzada medieval. Sus empinadas y estrechas calles se funden con la roca acogiendo destacados monumentos como las iglesias de San Miguel y del Salvador, las ermitas de San Gregorio y del Calvario, el Ayuntamiento y la Fuente de el Acueducto. Cuenta Villaluenga con la Plaza de Toros más antigua de la provincia (s. XVIII) que tienen la particularidad de no ser redonda sino poligonal y con un graderío realizado en piedra local.